viernes, 1 de marzo de 2013

Falacia (II)

"b. Falacia por apelación a la autoridad

En el apartado anterior hemos comentado que los argumentos de autoridad son especialmente problemáticos. La apelación a la autoridad, a fuentes cualificadas ha de ser cuidadosamente establecida si nuestra intención es no incurrir en este tipo de falacias.
Incurrimos en este tipo de falacias cuando, por ejemplo, afirmamos que un determinado libro no es bueno bajo el argumento de que el profesor comentó que era una obra fallida o que el sacerdote no lo encuentra adecuado; o defendemos la dieta vegetariana con el argumento de que Pitágoras, Rousseau, Tolstoi, y Gandhi la han defendido en sus obras; o defendemos la superioridad de una película sobre otra por la sola razón de haber ganado algún Oscar.
Un ejemplo clásico en el que un argumento de autoridad fue utilizado de forma absurda y obstinada fue aconteció en la polémica del siglo XVII entre Galileo y los astrónomos aristotélicos. Galileo había descubierto, o mejor dicho perfeccionado, el telescopio y había dirigido su invento hacia la luna. Observó la superficie lunar y pudo comprobar que era similar a un desierto, había rocas, cráteres, barrancos, terreno erosionado, etc. Todo aquello era contrario a lo que cabría esperar, al menos a lo que cabría esperar si Aristóteles hubiera estado en lo cierto. Aristóteles afirmaba que los planetas, excepto la tierra, y las estrellas estaban compuestos de un material perfecto, cristalino, incorruptible, que denominó éter. Galileo comunicó su hallazgo y el resto de los astrónomos, seguidores de Aristóteles, replicaron que no podía ser cierto, que la luna tendría que estar formada por éter. Cuando Galileo invitó a sus adversarios a mirar por el telescopio y comprobarlo por sí mismos, ellos replicaron que tenían más confianza en la autoridad de Aristóteles que en sus propios ojos, y se negaron a mirar por el telescopio. Es evidente que en este caso los astrónomos abusaron del argumento de autoridad de una manera que ni el mismísimo Aristóteles hubiera admitido".

Profesores de Filosofía del I.E.S Pere Maria Orts.

(Publicado el 3/1172005)

Alvaro de Laiglesia

Creo que Alvaro de Laiglesia, uno de los mejores humorístas literarios de España, sufre, no sé bien porque, un olvido bastante injusto. Recuerdo haberme divertido mucho, con 15 ó 16 años, leyendo algunos de sus cuentos. Ojalá pronto sea recordado como creo que merece.
Y para muestra, un botón: Su parodia de "Platero y yo".

"Hojalatero" y un conservador".

A la memoria de Juan Ramón Jiménez, autor de "Platero y yo".

I

"Hojalatero" es un caballo enano, de esos que tienen orejas largas y rebuzno cantarín. Lindo y mimoso, con la tierna panza color de chocolate, frota su bella nariz contra mi rodilla y me llama "papá". Se come todo lo que le brindo: jugosos cardos que sobran de mi condumio, potaje de margaritas, y aromáticos grillos a la vinagreta. Cuando le zurro con una olorosa vara de nardos, entona frescas salmodias con voz de barítono. Estamos los dos como musicales cencerros.
Alvaro de Laiglesia. Un naufrago en la sopa.

(Publicado el 3/11/2005).

ACTUALIZACION:

Este fue uno de los post más leidos y comentados. Lamentablemente, no se han reeditado ni si quiera sus obras... que yo sepa. Es una buena muestra de que el humor español no es solamente Aida, Torrente y similares (¡gracias a Dios!).

Falacia

"a. Falacia por generalización inadecuada

Uno de los errores más comunes es extraer conclusiones de una muestra demasiado pequeña. Si el primer lituano que encuentro tiene un temperamento vehemente, espero que todos los lituanos tengan un temperamento vehemente. Si mi amigo compra un coche de la marca Rover y no le resulta bien, evito comprar un coche de la misma marca. Si los andaluces que conozco son graciosos, todos ellos lo son, y así sucesivamente.
Recordemos que en una argumentación inductiva la conclusión nunca está totalmente justificada desde las premisas, pero si el número de casos es suficientemente amplio, la muestra es representativa, no encontramos contraejemplos.... la conclusión tiene un apoyo razonable. Es lo más que podemos esperar siempre y cuando cumplamos con los requisitos mencionados, en caso contrario incurrimos en una falacia por generalización inadecuada a partir de datos insuficientes."

Profesores de Filosofía del I.E.S Pere Maria Orts.

Así ocurre, por ejemplo, cuando pensamos que alguien es macarra porque use el color negro.

(Para María, con todo cariño).

(Publicado el 2/11/2005)

Realidad

- Yo también apuesto por los grises pero hay que tener cuidado con el relativismo absoluto.. hay algunas cosas que sí son blancas o negras :)
- ¿Por ejemplo?
- Claro...mi coche es blanco, por ejemplo.
- No, tú crees que ves un coche blanco. En realidad se trata de un compuesto químico que provoca esa sensación en tu cerebro. Según las teorías aceptadas sobre las propiedades de la luz, tu coche no es blanco, "emite" fotones de luz que tú identificas con el blanco. Si a esas sensaciones eléctricas que tienes le llamas realidad, tienes tanto el derecho a creerlo como yo a dudarlo. Porque no tienes más pruebas que las que te dan los sentidos. Soy aficionado a la prestidigitación y después de ver a grandes ilusionistas "cambiando la realidad", sé que los sentidos son muy fáciles de engañar.
Pero además, existen estados de ánimo, situaciones (drogas, depresión, enfermedades mentales...)que "alteran" lo que percibimos, con lo cual...
Por otra parte, hay teorías filosóficas que te dirían que: "tu sueñas que tu coche es blanco" o "tu quieres creer que ves un coche que es blanco". Aunque claro, uno puede decir: "hombre si lo toco, si lo veo, es que existe". Ahora no estás viendo un elefante, ¿eso significa que los elefantes no existen?. Hombre, yo los recuerdo y sé que existen. Y si no conoces un animal, ¿ese ya no existe?.

Como ves la realidad no es "tan real" como parece...

(Publicado el 2/11/2005)

La insoportable levedad del no ser

Es curioso pero en todo el tiempo que llevo en este mundo, que es bastante, he conocido a muchas personas que se sienten solas. Y digo que es curioso porque se supone que si unos que se sienten solos conocieran, hablaran, se relacionaran con otros que se sienten solos quizá la cantidad total de solitarios bajaría.
La verdad es que es triste, porque muchos nos sentimos solos incluso en momentos en los que estamos rodeados de gente. A los/las que os sucede, lo entendéis... y quizá, lo que es peor: todos lo hemos sentido alguna vez.
Estoy convencido, aunque es una teoría personal, de que hay una soledad última, intrínseca al ser humano que es imposible de eliminar. Esa que llega, por ejemplo, en una noche, a las cuatro de la mañana, cuando por lo que sea no podemos dormir y hay o no hay nadie más en la cama contigo.
Es ese momento en el que, de repente, como si constataras una verdad ineludible te dices: "que solo/a me siento".
Lo mismo son figuraciones mías y solo me pasa a mi... pero no lo creo.
A parte de esta soledad especial y que, al menos en esos instantes, es inevitable, existe otra más liviana y eludible que sienten muchos/as. Pero esa tiene un remedio. Una solución arriesgada pero eficaz, una solución que entraña peligro, pero que es la única para esa clase de soledad: abrir nuestra mente, nuestra alma a alguien... y esperar, rogar para que esa persona no nos destroce, una vez más.
Porque la otra opción, que es ir viviendo como se puede, arrastrando ese grillete insufrible, no es justa ni para uno mismo ni para los demás. No lo es, para uno mismo, porque entraña una renuncia, una rendición, que en realidad nos hunde más y más en nosotros mismos y nos hace desagradables a nuestros propios ojos. No lo es, para los demás, porque es privarles de las maravillas que todos llevamos dentro, de esa persona encantadora que podemos ser.
Todavía habrá alguien que argumente que vive solo/a tan ricamente. Que es plenamente dichoso/a con su vida en solitario. El problema es que cuando estamos en casa de nuevo con nuestra soledad (esta, la liviana, la corriente, la que no es tan interior), cuando nadie nos ve, nos admitimos que no, que no es cierto, que hemos mentido como perros/as y que no estamos a gusto solos/as. Porque digámoslo con valentía: somos seres sociales y nos encanta compartir. Nos sabe mejor el vino, la película, esa canción, el estofado de ternera, la experiencia sexual si la compartimos con otro/a...
Según esta hipótesis loca que se me acaba de ocurrir, siempre será mejor bajar al bar de la esquina a tomarse un café y mirar por la ventana como pasan los peatones, que estar sentado/a leyendo las tonterías que dice un tio en un blog de Internet. Al menos, las probabilidades de conocer a alguien, se disparan. Y no es una crítica a este medio que ahora mismo utilizo y mediante el que se puede conocer a gente encantadora (o no, como en la vida real), si no una apuesta por las miradas, las sonrisas, la próximidad física que dice mucho de la gente y que por la Red de Redes cuesta mucho comunicar. Se han inventado esos monigotes que sonrien o lloran o guiñan un ojo y que llaman "emoticones", pero todos sabemos que no es suficiente.
Sé que es difícil, que hay que echarle mucho valor en algunas circunstancias, pero creo que siempre es bueno volverlo a intentar.

En el peor de los casos, habremos vivido.

(Publicado el 2/11/2005)

Esto o todo lo contrario

A algunos les sorprende que me encuentre cómodo en una posición en la que admito la posibilidad de un hecho o todo lo contrario... Me dicen: "¿pero como puedes admitir una realidad y su contrario, como puedes aceptar polos tan opuestos?". Sé que es complicado de entender, pero vivir en esa aparente contradicción no me parece extraño o abismal, si no todo lo contrario. Ese desequilibrio supuesto, me equilibra, me da el suficiente sentido para no extremarme, para no caer en uno de los dos lados de la balanza. Puedo, por ejemplo, admitir la bondad innata del hombre y el instinto maligno con el que se nace... Creo que se trata de interiorizar la fuerza de lo relativo y saber que no hay verdades absolutas. Nada es totalmente positivo o negativo, que las acciones del otro, muchas veces, se explican si te pones en la piel del otro. Que todo es según con el cristal con que se mira.

O todo lo contrario.

(Publicado el 1/11/2005)

Julieta y su deseo

Galopad, galopad, corceles de flamígeros cascos hacia la mansión de Febo: un cochero tal como Faetón os lanzaría a latigazos en dirección al Poniente y traería inmediatamente la lóbrega noche. -[Extiende tu denso velo, noche protectora del amor, para que se cierren los errantes ojos y pueda Romeo, invisible, sin que su nombre se pronuncie, arrojarse en mis brazos. La luz de su propia belleza basta a los amantes para celebrar sus amorosos misterios; y, dado que el amor sea ciego, mejor se conviene con la noche. Ven, noche majestuosa, matrona de simples y sólo negras vestiduras; enséñame a perder, ganándola, esta partida en que se empeñan dos virginidades sin tacha. Cubre con tu negro manto mis mejillas, do la inquieta sangre se revuelve, hasta que el tímido amor, ya adquirida confianza en los actos del amor verdadero, sólo vea pura castidad. ¡Ven, noche! ¡Ven, Romeo! Ven, tú, que eres el día en la noche; pues sobre las alas de ésta aparecerás más blanco que la nieve recién caída sobre las plumas de un cuervo. Ven, tú, la de negra frente, dulce, amorosa noche, dame a mi Romeo; y cuando muera, hazlo tuyo y compártelo en pequeñas estrellas: la faz del cielo será por él tan embellecida que el mundo entero se apasionará de la noche y no rendirá más culto al sol esplendente. - ¡Oh! He comprado un albergue de amor, pero no he tomado posesión de él, y aunque tengo dueño, no me he entregado aún. Tan insufrible es este día como la tarde, víspera de una fiesta, para el impaciente niño que tiene un vestido nuevo y no puede llevarlo. ¡Oh! ahí llega mi nodriza.]

William Shakespeare. Romeo y Julieta.

(Publicado el 1/11/2005)