lunes, 15 de febrero de 2016

Roger Ebert y la crítica cinematográfica

“Life itself” (2014), incluido en la sección oficial del Festival de Sundance, que se podría traducir por “La vida misma” o “La vida, ella misma” es un estupendo documental de Steve James sobre la vida de, quizá, el crítico de cine más famoso de la la historia: Roger Ebert. Se va narrando de forma casi lineal (saltando de un capitulo a otro, sin respetar el orden de estos, del libro autobiográfico del mismo título) la vida de este crítico, valoradísimo en U.S.A., cuyas apreciaciones y textos influyeron en cineastas y cinéfilos de todo el mundo.
Con un punto de vista bastante objetivo (por encima de la amistad del director y el protagonista), vamos viendo como el amor por el cine llevo a Ebert desde el periodismo juvenil hasta la crítica cinematográfica y como su nueva forma de hacer consiguió interesar tanto a aficionados como entendidos en el Séptimo Arte.
Emociona ver como le apreciaban grandes directores, entre los que se destacan en la cinta, por ejemplo, Martin Scorsese o Werner Herzog y su trayectoria vital hasta que murió de cáncer en 2012. 
Es subrayable que en el documental, por deseo expreso de Ebert, no se esconde en absoluto toda la crudeza de sus últimos meses y la devastación que la enfermedad provocaba en él. Se busca una sinceridad que va más allá del morbo fácil de muchos programas televisivos al uso. Roger Ebert se destacó siempre, según cuentan en la cinta amigos y no tan amigos, por su sinceridad en las opiniones y claridad en su propia persona física y mental (en su momento declaró públicamente ser un alcohólico). En fin, un documento imprescindible para todos los cinéfilos e interesante para el publico en general.

Me parece importante esta sinceridad en la crítica cinematografica, sobre todo en nuestros tiempos en los que muchas opiniones están, claramente, vendidas a los intereses de la industria. Me parece un engaño decirle a los espectadores que todas las películas son buenas porque es algo totalmente imposible. Hoy en día, cuando la crítica más seria no es favorable, vemos en las portadas de los DVDs y Blu-Rays, en la reseñas rápidas y carteleras, opiniones favorables en forma de frases (“maravillosa, inolvidable, del director de…”) de críticos que parecen nacidos para valorar justo esa película y de los que nadie ha oído nunca hablar. Y no, no todo es bueno por mucho que le pese a las grandes corporaciones y no es justo que se mienta al público de esa manera, sobre todo, además, porque hace que se desconfíe y se meta en el mismo saco a toda la crítica cinematográfica en la que hay grandes firmas que tienen profundos conocimientos sobre el cine. He oído más de una vez: “bueno los críticos dicen según quien les paguen, no me fío de las críticas, las criticas siempre mienten”, etc. Las agencias de publicidad de la industria, muchas veces, están tirándose piedras sobre sus propios tejados al utilizar estas tácticas embusteras y manipuladoras.
Recuerdo que mi afición por la crítica cinematográfica empezó, hace muchos años, gracias a Alfonso Sánchez Martínez, que es admirado aún por los profesionales del periodismo especializado y por las gentes del cine español y sobre el cual Garci hizo un documental en 1980.
Los que tenemos la fortuna de conocer un poco este mundo del cine ya distinguimos perfectamente una “crítica comprada-preparada” de una personal y - casi siempre - sincera y justa y, hoy en día, hay críticos como Carlos Boyero, Carlos Pumares o Antonio Gasset que se han convertido en auténticas estrellas mediáticas y que tienen miles de seguidores y, por tanto, son temidos -respetados- , por productores, directores, etc.
Esperemos, todos. que el público siga oyendo, leyendo criticas lo más limpias e inteligentes que sea posible, siendo como somos humanos y teniendo cada uno, como se dice, su opinión. Que es, según el dicho, “como el culo: cada uno tenemos el nuestro”.

P.D.: Muy interesantes las criticas de las películas “favoritas” de la página web de Roger Ebert: http://www.rogerebert.com/great-movies


jueves, 11 de febrero de 2016

Triste

Me parece muy triste la situación del cine español. Con algunas pocas excepciones, nos estamos limitando a seguir los ecos, ya polvorientos, del cine de Hollywood que ni hablan de nosotros ni aportan nada nuevo. Nos perdemos en una maquinaria obsoleta de productores anquilosados, corporaciones norteamericanas enfocadas únicamente al dinero y cineastas que no se atreven o no quieren usar los nuevos medios. Lamentablemente, nos estamos limitando a hacer cine comercial y parece que nos aterra la idea de innovar, de buscar nuevos caminos, pensando, erróneamente, que algún día podremos competir con las grandes corporaciones cinematográficas del entretenimiento de tú a tú y olvidando toda nuestra herencia cultural. Muchos creadores de nuestro país tienen en mente que con el dinero disponible en España, para el cine, no se pueden rodar los grandes éxitos que arrasan en taquilla, pero olvidan que muchos grandes cineastas, de esos que llenan salas, empezaron con una cámara de super 8. Es querer pintar la Capilla Sixtina sin haber empezado a dibujar.

Ya en el 2013 El País advertía terroríficamente  La industria del cine español, en coma” ( http://cultura.elpais.com/cultura/2013/09/26/actualidad/1380198081_379014.html ) y, por lo que voy viendo, la situación no mejora. 

La falta de nuevas ideas, de realizadores valientes es para mi el principal motivo. Insisto en que nos hemos tragado la falsa creencia, que proviene precisamente del cine comercial de U.S.A., de que para hacer cine hace falta mucho dinero y amigos en los sitios adecuados. Pero hoy en día, después de todo un siglo de celuloides, innovaciones estilísticas, ideas, nuevos cines emergentes en todos los continentes y el avance de la técnica, eso no es cierto. Hoy se puede grabar una película con un teléfono móvil y editarla en sencillos programas informáticos, casi al alcance de cualquiera. Y haremos cine. No para que gane directamente la Palma de Oro en Cannes, pero sí para que demostremos que tenemos una visión nueva, una forma de hacer diferente… que poseemos ideas distintas y dignas de ser vistas. Y así se puede empezar. Esta claro que tener esto en cuenta puede convertir a cualquiera en director de cine malo o bueno, pero el tiempo separará el grano de la paja como siempre ha ocurrido. Pero hay que tener ganas de contar algo y valentía para defenderlo. El Festival de Sundance, por ejemplo, se llena con propuestas de jóvenes directores de todo el mundo, que están empezando, que tienen algo que decir. Hoy en día casi todos podemos subir videos a internet, hacer que nuestro trabajo sea conocido, demostrar que sabemos narrar con una estética nueva. Esto es toda una revolución. Ahora, algo que filmamos puede ser visto inmediatamente en Australia o Japón. Después de las últimas corrientes del cine mundial independiente (por ejemplo las propuestas de Dogma), se sabe que no es necesario más que una cámara que pueda grabar (con las nuevas máquinas fotográficas y sus posibilidades), lo cual es accesible a muchos que lloran en este país porque tienen ideas y no les financian para rodarlas. Eso sí, hay que tener la valentía de Lars von Trier.

Mientras que los directores españoles no tengan en cuenta todo esto, efectivamente, seguiremos en coma.

sábado, 23 de enero de 2016

Shyamalan sigue perdido



A pesar de unas críticas ligeramente favorables, “La visita” me ha defraudado mucho. La moda de los “falsos auto-documentales”, que inicio popularmente “El proyecto de la bruja de Blair”, continuaron otras como “Paranormal activity”, etc., (sin olvidar la incursión española con la saga “Rec” - nosotros que hemos obviado la mayoría de las corrientes cinematográficas sí que acogemos la peor-) me parece realmente absurda y limitadora para cualquier film. Si quiero ver - que no es el caso - videos hechos por jóvenes con acné sobre sus amigos y familia, ya los buscaré en Youtube y no entraré en un cine. Ese forzar las secuencias para que parezcan rodadas por adolescentes (que algún “lumbreras” creyó que asustaría más al espectador al pensar - erróneamente - que era más real) lleva a desastres como la cinta de la que hablamos.
Con un buen planteamiento inicial - los niños de visita en casa de los abuelos -, el señor Shyammalan demuestra una lamentable falta de ideas que ya arrastra desde “La joven del agua”. El creador de aquel guión estupendo, sorprendente y misterioso de “El sexto sentido” nos ha traído a un cine que sí, que parece hecho por un adolescente que no tiene claras las ideas. Cine de un adolescente para adolescentes.
Recurriendo al antiguo susto inesperado facilón, la película aburre desde los primeros minutos y parece no despegar nunca. La falta de inteligencia es palpable y los toques de humor, bastante burdos, no llegan a compensar la trama para obtener algo interesante. La niña protagonista, cineasta aficionada pero con sólidos conocimientos de montaje e iluminación, tiene una cámara que parece de titanio ya que no se estropea por más que se caiga, a juego con la cámara de fotos de su hermano, igual de irrompible. Sin venir a cuento, se ruedan planos del paisaje que ningún niño tomaría nunca, pero que nuestro director necesita por cuestiones de ritmo. Ambos críos  dominan perfectamente los encuadres y las posiciones de cámara… En fin una realización lamentable que destroza la supuesta “realidad” del documental. 
Las posibilidades que podrían dar unos abuelos extraños y sutilmente inquietantes acaban siendo unos ancianos que parecen bajo los efectos del L.S.D., lo cual es más simplón y barato de rodar. Sugerencias que no se concretan ni explican (el horno, la figura ahorcada, etc), aparecen sin orden ni concierto y con una falta de arte que realmente decepciona en conjunto. El remate son los acentos pueriles como el niño rapero, la banda sonora que se supone usa la protagonista, el pañal en la cara… Como ya ha señalado algún crítico, al final uno tiene la sensación de haber sido timado.

El director nacido en la India no acaba de encontrar su camino y va dando bandazos en una carrera irregular que, si no encauza, hará que pronto se olvide aquel taquillazo del niño que en ocasiones veía muertos.


domingo, 10 de enero de 2016

Los amorosos

Los amorosos callan. 
El amor es el silencio más fino, 
el más tembloroso, el más insoportable. 
Los amorosos buscan, 
los amorosos son los que abandonan, 
son los que cambian, los que olvidan. 

Su corazón les dice que nunca han de encontrar, 
no encuentran, buscan. 
Los amorosos andan como locos 
porque están solos, solos, solos, 
entregándose, dándose a cada rato, 
llorando porque no salvan al amor. 

Les preocupa el amor. Los amorosos 
viven al día, no pueden hacer más, no saben. 
Siempre se están yendo, 
siempre, hacia alguna parte. 
Esperan, 
no esperan nada, pero esperan. 

Saben que nunca han de encontrar. 
El amor es la prórroga perpetua, 
siempre el paso siguiente, el otro, el otro. 
Los amorosos son los insaciables, 
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos. 
Los amorosos son la hidra del cuento. 

Tienen serpientes en lugar de brazos. 
Las venas del cuello se les hinchan 
también como serpientes para asfixiarlos. 
Los amorosos no pueden dormir 
porque si se duermen se los comen los gusanos. 
En la oscuridad abren los ojos 
y les cae en ellos el espanto. 
Encuentran alacranes bajo la sábana 
y su cama flota como sobre un lago. 

Los amorosos son locos, sólo locos, 
sin Dios y sin diablo. 
Los amorosos salen de sus cuevas 
temblorosos, hambrientos, 
a cazar fantasmas. 
Se ríen de las gentes que lo saben todo, 
de las que aman a perpetuidad, verídicamente, 
de las que creen en el amor 
como una lámpara de inagotable aceite. 

Los amorosos juegan a coger el agua, 
a tatuar el humo, a no irse. 
Juegan el largo, el triste juego del amor. 
Nadie ha de resignarse. 
Dicen que nadie ha de resignarse. 
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. 
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, 
la muerte les fermenta detrás de los ojos, 
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada 
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. 

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, 
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, 
complacidas, 
a arroyos de agua tierna y a cocinas. 
Los amorosos se ponen a cantar entre labios 
una canción no aprendida, 
y se van llorando, llorando, 
la hermosa vida.

Jaime Sabines.

domingo, 3 de enero de 2016

La desventura del soltero

"Parece tan grave quedarse soltero, y, de viejo, guardando a duras penas la dignidad, pedir acogida cuando se quiere pasar una velada con gente, estar enfermo y, desde el rincón de la propia cama, contemplar semana tras semana la habitación vacía, despedirse siempre ante el portal de la casa, no subir nunca la escalera junto a la propia mujer, tener en la habitación tan solo puertas laterales que comunican con habitaciones ajenas, llevarse la cena a casa en una mano, tener que admirar hijos ajenos sin que a uno le permitan repetir una y otra vez: "Yo no tengo", componerse un aspecto y un comportamiento calcados sobre uno o dos solteros de nuestros recuerdos de juventud.
Y así será, solo que, en realidad, hoy y en adelante será uno mismo quien esté ahí, con un cuerpo y una cabeza de verdad, y, por tanto, también un frente para golpeársela con la mano".

Franz Kafka.