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domingo, 10 de enero de 2016

Los amorosos

Los amorosos callan. 
El amor es el silencio más fino, 
el más tembloroso, el más insoportable. 
Los amorosos buscan, 
los amorosos son los que abandonan, 
son los que cambian, los que olvidan. 

Su corazón les dice que nunca han de encontrar, 
no encuentran, buscan. 
Los amorosos andan como locos 
porque están solos, solos, solos, 
entregándose, dándose a cada rato, 
llorando porque no salvan al amor. 

Les preocupa el amor. Los amorosos 
viven al día, no pueden hacer más, no saben. 
Siempre se están yendo, 
siempre, hacia alguna parte. 
Esperan, 
no esperan nada, pero esperan. 

Saben que nunca han de encontrar. 
El amor es la prórroga perpetua, 
siempre el paso siguiente, el otro, el otro. 
Los amorosos son los insaciables, 
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos. 
Los amorosos son la hidra del cuento. 

Tienen serpientes en lugar de brazos. 
Las venas del cuello se les hinchan 
también como serpientes para asfixiarlos. 
Los amorosos no pueden dormir 
porque si se duermen se los comen los gusanos. 
En la oscuridad abren los ojos 
y les cae en ellos el espanto. 
Encuentran alacranes bajo la sábana 
y su cama flota como sobre un lago. 

Los amorosos son locos, sólo locos, 
sin Dios y sin diablo. 
Los amorosos salen de sus cuevas 
temblorosos, hambrientos, 
a cazar fantasmas. 
Se ríen de las gentes que lo saben todo, 
de las que aman a perpetuidad, verídicamente, 
de las que creen en el amor 
como una lámpara de inagotable aceite. 

Los amorosos juegan a coger el agua, 
a tatuar el humo, a no irse. 
Juegan el largo, el triste juego del amor. 
Nadie ha de resignarse. 
Dicen que nadie ha de resignarse. 
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. 
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, 
la muerte les fermenta detrás de los ojos, 
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada 
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. 

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, 
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, 
complacidas, 
a arroyos de agua tierna y a cocinas. 
Los amorosos se ponen a cantar entre labios 
una canción no aprendida, 
y se van llorando, llorando, 
la hermosa vida.

Jaime Sabines.

viernes, 22 de marzo de 2013

Humo de Olvido



Hay lluvia de piano con sordina,
jarabe de recuerdos perdidos,
bajo la tenue luz mortecina
de las farolas borrosas y escondidas.
Ojos de espíritu triste
que buscan formas que se difuminan
e imágenes tuyas
que se eclipsan,
en una nube que debería
estar más alta.
Lápida de las sombras
que huyen espesas,
ante dos luces: roja y roja...
y detenidas.
Quise encontrar el camino
a tus brazos
pero perdí,
nuevamente,
el norte de tus manos
diluidas.
Puré de visiones azuladas,
lodo de pupilas frías,
desorientadas,
en un mar confuso
de ténues sentimientos
vagos.
Parado en el auto,
apagado en ningún sitio,
supe que te echaba de menos,
mientras buscaba un destino
extraviado.
Desierto de la razón
sin esperanza...
todo disoluto,
abandonado a las retinas
dormidas.
Renqueante un dinosaurio
de seis ejes,
como cetáceo
moribundo,
frena suave y alquitrán,
aparición lenta
y gritos mudos.
Y a lo lejos
todo se fundía
en un gris asesino:
las farolas...
tus brazos...
los recuerdos...
te quiero.
Pasó lento un cartel
que no indicaba
a ninguna salida,
como muerte en vida
y susurro
sin palabras
en idiomas de algodón.
Letanía húmeda
de mirada cansada,
esencia de cementerio
y fusión gorgoteante
de las ánimas.
Niebla
en tu mirada.

Imagen: Maurizio Lanzillotta. Encina y niebla.

(Publicado el 3/12/2007).

sábado, 16 de marzo de 2013

La poesía es un arma cargada de futuro.

 
 
Obra: Poesía industrial. Autor: Carlos Albalá.

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades. Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo. Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo. Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo. Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse. Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho. Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros. Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho. No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Gabriel Celaya.

(Publicado el 26/10/2007).

miércoles, 6 de marzo de 2013

El beso de Pedro Salinas.

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
—¿adónde se me ha escapado?—.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

Pedro Salinas.

(Publicado el 13/05/2006).

lunes, 4 de marzo de 2013

Un poco de poesía de verdad...

DESAHUCIO

Ángeles malos o buenos,
que no sé,
te arrojaron en mi alma.
Sola,
sin muebles y sin alcobas,
deshabitada.
De rondón, el viento hiere
las paredes,
las más finas, vítreas láminas.
Humedad. Cadenas. Gritos.
Ráfagas.
Te pregunto:
¿cuándo abandonas la casa,
dime,
qué ángeles malos, crueles,
quieren de nuevo alquilarla?
Dímelo.

Rafael Alberti.

(Publicado el 5/03/2006).

ACTUALIZACIÓN:

Curiosamente escogí este poema, entonces, que ahora estaría de máxima actualidad.


sábado, 2 de marzo de 2013

El mejor regalo que me hizo Woody Allen

“En algún lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.
Con solo mirarme, me liberas.
Aunque yo me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser,
como la primavera abre con un toque diestro
y misterioso su primera rosa.
O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy bellamente, súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosa por doquier;
Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiración
Ignoro tu destreza para cerrar y abrir
pero, cierto es que algo me dice
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas...
Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.”

E.E. Cummings

(Publicado el 19/12/2005)

jueves, 28 de febrero de 2013

Los besos de Gayo Valerio Catulo

"Vivamos, Lesbia mía, y amémonos
y un bledo nos importen todos juntos
los rumores de los viejos severos.
Los soles pueden morir y retornar.
Nosotros, cuando declina nuestra breve luz,
hemos de dormir una noche perpetua.
Dame mil besos, luego cien,
luego otros mil , luego que sigan cien,
otros mil todavía, después cien.
Y luego, cuando hayamos juntado muchos miles,
embrollaremos la cuenta, para no saberla,
o que ningún malvado pueda hacer mal de ojo
al saber que son tantos y tantos nuestros besos".

G.V. Catulo

(Publicado el 29/10/2010)

Sonámbulo

Hoy conducía por Móstoles como adivinando las calles. No había dormido y tenía miedo de perderme en un sueño de edificios iguales y de avenidas interminables. Los semáforos, como mástiles de barcos perdidos en la niebla, surgían de pronto con sus luces chillonas dando ordenes absurdas...
Fui a renovar el DNI y tuve que encontrar la oficina, que se escondía, disimulando, entre unos pisos y una plaza de una simetría perfecta y acabada. Los agentes, armados con fieros bolígrafos y lapiceros acechantes, me miraban como sospechando y yo trataba de simular que solo estaba allí por el documento caducado. No quería que supiesen los besos que no había dado, las malas miradas que eché a mis mujeres, la pereza al ir a trabajar en las mañanas frías de un invierno madrileño...
Uno, con claras intenciones perversas, me cogió un dedo, así sin pedirme lo que, obviamente, es mío, me lo rebozó en tinta negra de calamar muerto y me lo arrastró sobre un papel, que chilló de rabía ante una caricia no solicitada. Así, con un escarabajo entre mis otros dedos, salí como pude de aquella trampa para conciencias remordidas...

Volví a casa para volver. Volver al sueño y a escribir. Escribir estas palabras que entre sueño escribo.
No sé si me explico.

Otro poema que me encanta:

Los amantes

"¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.
Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.
Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos."

Julio Cortazar.

(Publicado el 27/10/2005)

Acaba el día

Acabo el día, al menos aqui, con un poema de Quevedo que es de mis preferidos y algo de música:  

Amor constante más allá de la muerte

"Cerrar podrá mis ojos la postrera
 sombra, que me llevaré el blanco día;
 y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso linsojera;

mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa:
 
Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado".

Escucho mientras escribo los conciertos para fagot de Vivaldi. Que alegría la música del "cura pelirrojo"...

(Publicado el 25/10/2005)