sábado, 16 de marzo de 2013

Como una cabra en un garaje.

 
 
Más perdidos que una cabra en un garaje andamos los que hoy tenemos que trabajar. Aún así, una pequeña reflexión quizá no venga mal: ¿por qué los seres humanos, en su mayoría, se pasan la mayor parte de la vida haciendo algo que no quieren hacer?. Sé que el artísta apasionado, el ejecutivo inmerso en los negocios, el deportista profesional (y similares) disfrutarán mucho con su trabajo, pero el resto de los mortales soportamos como podemos esto del "ganarás el pan con el sudor de tu frente".
 
Generalmente los que mandan, han encontrado docenas de motivos para ello (incluso bíblicas), aunque, en realidad, estas justificaciones solo les convencen a ellos mismos y no a los que nos llevamos la "parte dura" del asunto. Debe ser maravilloso llegar a tu despacho, recostarte en tu mullido sillón, vistas al Paseo de la Castellana, con un café caliente esperándote y una atractiva secretraria dispuesta a seguir tus indicaciones, pero para el que prepara cemento en una obra, a 1 grado sobre cero, bajo la lluvia; para el que se levanta a las cuatro para sudar la gota gorda delante de un horno de pan, no es ni parecido. De nuevo, los que tienen la sartén por el mango argumentarían que ellos se lo ganaron con su esfuerzo y estudios, pero sabemos, no lo nieguen, que ser hijo de un papá con dinero, tener un físico tipo Sharon Stone, un carnet de partido, etc., ayuda mucho. Además aunque haya "inocentes", un "grano no hace granero" y es sabido cuanta explotación y abuso se esconden detrás de muchas fortunas. Incluso, aunque los métodos sean legales, no siempre son morales y/o justos (vease banca española actual o sociedad general de autores).

Por todo ello, en un día de puente como esté, cuando los que estamos en el tajo soportamos el chaparron de los que piensan "aprovechando la fiesta voy a ver como va lo mío", lo mejor es no desanimarse... demasiado y pensar que mañana es sábado.
Y ya se sabe, "sábado, sabadete...".

(Publicado el 2/11/2007).

No estabas.

 
 
No estabas.

Me di la vuelta y no estabas,
en la oscuridad,
busque tus manos
pero no estabas.
Quizá por no saber lo que querías,
por no saber lo que yo quería
no estabas.
Porque teníamos las cosas
que buscamos
no nos teníamos
y noche tras noche,
no estabas.
Y ahora es tarde
y todo lo perdimos,
por querer más aquellas cosas
no nos teníamos.
Y te busqué
y no estabas.
Por lo accesorio,
olvidamos lo principal.
Y no estabas.
Esos momentos
quedaron en promesas
mojadas
y fueron nada.
Fueron ruinas,
tus brazos,
la casa,
el gato que maullaba.
Y no estabas.
Ahora es recuerdo
y sueño de lo que pudo ser
reproches perdidos
y agua de borrajas.
Pero en el silencio de la noche,
en la soledad de la madrugada
te busqué
y no estabas.

(Publicado el 31/10/2007).

Vivaldi.

 

El Tañedor de Laud. Caravaggio.

Concierto en Re mayor para 2 violines, laúd y continuo, RV 93: II Largo de Vivaldi.

Una movimiento de los que hacen afición por la música clásica. Tema muy conocido, en la versión de Il Giardino Armonico, se transforma en un alarde de virtuosismo y delicadeza. Lejos de las archiconocidas Cuatro Estaciones, este concierto y este movimiento en concreto nos habla de lo íntimo, de lo sentido, de lo interior. Sin olvidar, claro, ese sabor del más clásico barroco italiano, es una obra, a mi entender, totalmente actual y lo suficientemente intemporal para que haya sido base para películas, anuncios y documentales. Así, nada más oírlo, aunque sea la primera vez, tendremos la impresión de volver a una melodía familiar y cercana. Imprescindible para acercarse al maestro italiano en sus formas más evocadoras.

Con las obras para laúd y mandolina, más el resto para violín, (he asistido a un concierto donde se utilizaban bandurrias) suponemos la gran habilidad de los músicos (y músicas) para los que el cura pelirrojo y veneciano componía.
Dice la leyenda que Antonio Vivaldi no daba misas alegando una enfermedad para ir, secretamente, a componer y dirigir música (sobre todo con su orquesta de huerfanitas). Con obras así creo que está justificado... hasta en el Cielo.

(Publicado el 30/10/2007).

La poesía es un arma cargada de futuro.

 
 
Obra: Poesía industrial. Autor: Carlos Albalá.

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades. Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo. Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo. Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo. Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse. Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho. Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros. Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho. No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Gabriel Celaya.

(Publicado el 26/10/2007).

Valentía insólita.

Me parece bastante sorprendente la valentía insólita que determinadas personas expresan delante de las cámaras de televisión.
Esto viene a cuento por algunas declaraciones referidas al joven que presenció, en el mismo vagón, la agresión a la chica ecuatoriana hace unos días en Cataluña. Entre esas voces estaba la de la propia presidenta de la Comunidad de Madrid. Según ella era increíble que el testigo no ayudara a la joven. Cualquiera que viese el episodio - y más sabiendo que el referido chaval es argentino- y reflexionando un poco se hubiera percatado de que su actitud era irreprochable. En un vagón casi vacío, en la noche, sin sus guardaespaldas, Esperanza Aguirre tampoco hubiese hecho nada por un lógico sentido de supervivencia. Un agresor descontrolado, que sin provocación previa se lía a patadas con una persona, seguramente no va a tener problemas en agredir también a cualquiera que se lo recrimine. La poca edad del testigo y su procedencia suramericana le hubieran hecho -casi con seguridad- nueva víctima del inconsciente bárbaro. Y el instinto de supervivencia es fuerte. La Sra. Aguirre decía que era la misma pasividad de la gente en tiempos del nazismo, comentario totalmente fuera de lugar, en una comparación imposible y que pertenece más a una realidad de novela rosa de aventuras (llena de caballeros todopoderosos y quijotes sin cuento) que a la cruda realidad del día a día. Una oposición en un momento así, hacia un individuo que puede estar armado y que actúa como un loco hubiese sido realmente una temeridad para cualquiera que no fuese el primo fuerte de Rambo. También reprochaba algún medio de comunicación que el testigo no se acercará en seguida a ayudar o consolar a la víctima. Y vuelve a ser una falta de perspectiva. Una persona desconocida que acaba de ser atacada por un joven puede tener una reacción totalmente negativa ante otro que se acerque segundos después a ella. El argentino, con buen criterio, le indica, un momento después, que una cámara lo puede haber estado grabando todo, tal como sucedió. Ese aviso, sobre la cámara, esencial en este hecho -por cuyas imágenes se ha desencadenado todo el revuelo mediático y político- fue determinante como luego se vería.
Creo que todos debemos meditar un poco antes de emitir fáciles juicios ante la forma de actuar de una persona. Intentemos ponernos en su situación, ver objetivamente las circunstancias y no emitir discursos de cara a la galería.

Es muy fácil ser osado cuando no se estaba allí y el peligro es imaginario.

Texto enviado como carta al director a El País.

(Publicado el 26/10/2007).

El Apocalipsis... ahora.

Por una rara afición norteamericana, casi cada año, sufrimos con una nueva amenaza de cataclismo mundial. Ahora -en estos días en concreto- es el cambio climático (que dios me libre de poner en duda y que es realmente preocupante), pero antes fue el terrorismo, cometas errantes, ataques informáticos masivos, el SIDA, la escasez del petróleo, el ébola, la capa de ozono, los peligros del tabaco, la amenaza comunista, el sexo salvaje y etc, etc...
Se sabe que el que "te mete el miedo en el cuerpo" es el que controla el cotarro... sobre todo si luego aparece como salvador del peligro inmenso.
Es como vivir en una edad media interminable donde no acecha el maligno o demonio... si no todo lo demás. Está claro que los primeros beneficiados son los medios de comunicación que tienen algo nuevo que vender, sobre lo que escribir o filmar. Después los gobiernos que, administrando bien los temas, llevan la atención publica hacia donde conviene. Sacan tajada los guionistas, actores, directores, etc. de la industria (inmensa) del entretenimiento, los que venden artículos relacionados con estas películas... En fin, las ganancias de la buena explotación de nuestros temores son enormes.
Está claro que el mercado manda y nosotros, sufridores, pagamos.
Desde este punto de vista, cuando descubrimos una de esas tribus perdidas en el océano inmenso y verde del Amazonas decimos aquello de "dichoso aquel...".
Una de las raras ocasiones donde la ignorancia es un alivio.

Jesucristo aconsejó con acierto: "no tengáis miedo".

(Publicado el 25/10/2007)

Bajo el sol de la Toscana.



Fotograma de la película.

Caminando sobre el filo de lo cursi, plagada de tópicos al uso de "Vacaciones en Roma", aunque sin caer en ello, esta película de Audrey Wells, autora también de La verdad sobre perros y gatos, consigue entrar, por los pelos, en el genero que yo llamaría de "películas norteamericanas al gusto europeo". Otros films en esta linea, más o menos próximos, son "Entre copas", "Lost in translation" o las mas lejanas "Gran Cañón" y "Una habitación con vistas".

Bellos paisajes, buena fotografía y cierto mensaje, junto con el carisma y la belleza de Diane Lane y algun buen personaje, es la mezcla que consigue salvar esta comedia romántica de los estereotipos más ñoños a los que Hollywood nos tiene acostumbrados. La historia, que no tiene nada que ver con el libro del mismo título -gran éxito en su momento-, aunque se inspira en él, nos acerca a unos personajes atractivos y casi reales.
Hay que reconocer sus estupendos hallazgos (los albañiles, la amiga de Fellini...) y algunas escenas memorables, aunque, para mi, no llega a ser una cinta tan redonda como cualquiera de las tres que cité al principio.

A años luz de "Belleza robada", localizada también en aquella bella región, que la supera en intimidad, complejidad, belleza y dirección de actores, si que nos trae algo de esa pasión por Italia, el mediterraneo y el ambiente sureuropeo.

Para pasar una tarde sin complicaciones.

(Publicado el 22/10/2007).